¿Estadios mall? ¡No, gracias!
¿Estadios mall? ¡No, gracias!
Pensando en el fútbol moderno, los estadios y la remodelación del Estadio Monumental presentada por Aníbal Mosa en el centenario, cuya maqueta hoy se pavonea en el hall de nuestro estadio, me pregunto ¿De qué depende la experiencia estadio? ¿Es más importante el espacio físico que la relación social con la hinchada?
No es difícil mirar hacia otros estadios para ver cómo la modernización e higienización de los templos deportivos cambia por completo el entorno social en el que se vive la pasión y se construye la identidad y pertenencia.
Como ejemplo, el Maracaná, estadio icónico que en 2005 sufre -digo sufre conscientemente- una remodelación que elimina una de sus más populares características, el “geral”, sector del estadio ubicado a nivel de cancha, separado por un foso a los jugadores, no tiene asientos y permite que las personas más comunes y de bajos ingresos puedan asistir a ver a sus equipos. En su lugar se ponen butacas numeradas, marcando el inicio de la elitización del fútbol brasilero a costo de quienes siempre estaban ahí y ya no pueden pagarlo.
Un ejemplo más cercano del estadio moderno es el Claro Arena, un mall sin alma al más puro estilo europeo, lindo sin duda, pero ¿Nuestra forma de vivir el fútbol es europea? Quizá para los cruzados sí, en especial viendo el aumento del precio de las entradas en el último año, porque la remodelación evidentemente la paga la hinchada, pero yo no quiero nada de eso para mi querido Colo-Colo.
La higienización o limpieza del espectáculo deportivo está marcada por el control, la vigilancia y el orden, en su afán por tratar el deporte netamente como una transacción, donde el consumidor no tiene otra función que sentarse, ver el partido e irse; Sin lienzos ni cuncunas, sin bombos ni bronces, sin expresiones corporales de la pasión, sin pirotecnia ni ruido visual más que los colores de las camisetas que exceden los $70.000 pesos en las tiendas oficiales, sin pobres ojalá. Lo mismo ocurre en el mundial estos días, donde los barrios populares mexicanos están siendo ocultados por muros para que el turista observe una versión limpia, pulcra y apta para el consumo.
El fútbol latinoamericano no es así, es intenso, lleno de colores, cánticos y pasión desenfrenada, aunque reconocemos que no es la panacea, pues está lleno de contradicciones, el mal llamado “folclore” también conflictúa a quienes vibramos cada semana, entendiendo que, si bien hay una forma de llevar el deporte por parte de la hinchada, no vamos a defender la misoginia, el clasismo, racismo y fascismo con tal de alentar a nuestro equipo.
El modelo de negocio que rodea el fútbol moderno funciona ordenando la pasión y que las y los hinchas sean consumidores pasivos de un producto comercial. Las y los socios colocolinos seremos nuevamente dueños de nuestro club ¿Cuál será nuestro enfoque con miras al futuro de la ruca? ¿Modernización estéril y sin corazón a un alto costo para la hinchada con el proyecto de Blanco y Negro? Proyecto que sin duda no responde a las necesidades del club, cómo espacios para educación, para todas las ramas y proyecciones deportivas que tengamos y para la gran labor social que se desarrolla año a año en torno a infancias, adolescencias y personas en situación de discapacidad; Si no que responde a tener espacios reservados para gente con más dinero, separándose más de los sectores populares y, ¿a costa de quién? ¿Arica y la Garra Blanca van a poder seguir ahí? ¿Los codos van a seguir costando $7.650 precio socio al día?
Personalmente no me interesa un estadio mall ¿y a ti?
Publicada el 9 de julio de 2026