Tras la declaración de quiebra del Club Social y Deportivo Colo-Colo y el posterior arribo de Blanco y Negro S.A. en 2005 para asumir la administración provisoria del estadio y del fútbol profesional masculino, femenino y formativo, la institución fundada hace 100 años comenzó a tener un rol de resistencia.
Siempre decimos que Colo-Colo es un reflejo de la sociedad: todo lo que ocurre a nivel social también ocurre en Colo-Colo. A lo largo de la historia hemos observado cómo los grupos de mayor poder económico han querido utilizar a la institución más grande del país para su beneficio, ya sea con fines económicos o por ambición de poder. No es novedad que Sebastián Piñera compró acciones de Blanco y Negro S.A. —siendo hincha de Universidad Católica— para posicionar su figura mediáticamente y así llegar a la presidencia.
Desde entonces, el Club Social y Deportivo Colo-Colo se convirtió en una trinchera de resistencia, haciendo frente a la concesionaria desde una vereda sin fines de lucro, sustentada principalmente por la cuota social de su base societaria, levantando a pulso sus ramas deportivas y sosteniendo con el corazón sus espacios sociales.
A la fecha, quedan nueve años de contrato de concesión: nueve años determinantes para el futuro de nuestra institución. Sin embargo, gran parte de la hinchada aún no distingue con claridad las esferas de atribuciones e incidencia del Club Social y Deportivo Colo-Colo y de Blanco y Negro S.A. ¿Saben que la deuda ha disminuido? ¿Cuáles son las implicancias de pagarla —o no hacerlo—? ¿Se conocen los plazos? Son interrogantes que quienes amamos a Colo-Colo debemos conocer.
Como socias y socios del Club Social y Deportivo Colo-Colo, nuestra obligación es mantenernos informados y exigir a los distintos espacios institucionales que tensionen lo necesario para resguardar la esencia de nuestra fundación, pero también debemos asumir un rol activo. Nos corresponde mantener un club robusto y preparado para el cambio de administración al término del contrato de concesión: participar en las asambleas, levantar reflexiones y cuestionamientos y, sobre todo, involucrarnos en la vida del club. Participar en los encuentros deportivos de nuestras ramas, en las comisiones de la institución, en las orgánicas territoriales y en los espacios sociales como voluntarias y voluntarios en cada Día de la Niñez, Navidad Alba o Día de la Mujer Colocolina.
Si decimos que Colo-Colo es Chile, debemos ser más que 14.771 socias y socios al día y dejar de someter el pago de nuestras cuotas a la evaluación del buen o mal momento que vive el fútbol profesional masculino o a la permanencia del plantel en copas internacionales. Debemos asumir un compromiso irrestricto con la institución.
Las mujeres, además, debemos dejar de ser apenas el 20% del padrón y comenzar a tener un rol determinante, porque quienes sostenemos esta institución y hemos construido la historia de Colo-Colo, somos mucho más que ese bajo porcentaje.
Colo-Colo es mucho más que un equipo de fútbol. Es un Club Social y Deportivo que abarca mucho más que un plantel masculino. Es parte de nuestra identidad y de nuestra historia.
Blanco y Negro S.A. no es Colo-Colo. El club sí: el que se fundó en 1925 por rebeldes, por la semilla de su primera socia, Rosario Moraga y, en consecuencia, somos sus socias y socios quienes debemos velar por nuestra institución y trabajar para que, en nueve años, el club esté preparado y listo para recibir de vuelta la administración del estadio y el fútbol, que jamás debieron ser arrebatados de las manos de sus socias y socios ni mercantilizados por una empresa cuyo único objetivo es económico y nos ve como clientes.
No hay nada ni nadie por sobre el club.
Colo-Colo es de sus socias y socios.
Publicada el 10 de marzo de 2026