Sin lugar a duda, algo que ha caracterizado a la barra de la ‘U’ es que siempre está metiendo bulla de alguna u otra forma y lo que pasa hoy en día no es la excepción. Claro, nunca han faltado los motivos. Por ejemplo, no es menor que el presidente de la concesionaria Azul-Azul S.A., Michael Clark, esté enfrentando sanciones de la CMF1 o que el Senado Universitario de la casa de estudios haya pedido su renuncia, así como también revisar el uso del nombre y el escudo de la Universidad de Chile. Para qué hablar de lo deportivo, donde el equipo todavía no muestra algo rescatable desde la llegada de «Paqui» Meneghini… pero recién van dos partidos, así que –por el momento– no nos metamos ahí.
No obstante, lo que quizás más bulla ha metido en los últimos días fue lo ocurrido el viernes pasado, en el partido de la ‘U’ con Audax Italiano, donde la barra Los de Abajo protagonizó diversos incidentes dentro del Estadio Nacional. El motivo de esto fueron el –nuevo– aumento en los precios de las entradas por parte de Azul-Azul S.A. y el derecho de admisión contra tres mil personas por parte de la ANFP. Los hechos de violencia protagonizados por Los de Abajo, como impedir el ingreso de hinchas al lugar donde se ubica la barra, el lanzamiento de bengalas, el destrozo de butacas, los enfrentamientos con los guardias tácticos y carabineros, o la fogata en la galería sur han provocado diversas reacciones.
En este sentido, algo que me ha llamado la atención, revisando diversas redes sociales, es que el debate bullanguero en torno al actuar de Los de Abajo se ha reducido, sintéticamente, a una falsa dicotomía: «Estás con nosotros o contra nosotros». Básicamente, se plantea que estar en desacuerdo con los métodos de la barra implicaría, según esta lectura, que se apoya a la concesionaria. En el fondo, los/as hinchas que defienden el accionar de Los de Abajo argumentan que, al menos, se está «haciendo algo», por lo que cuestionar esto equivaldría a ser pasivos frente al aumento del precio de las entradas o al derecho de admisión de los/as tres mil hinchas azules –o, incluso, avalar las medidas represivas del Estado–.
Tomando en cuenta esto, creo que se está enfocando mal el debate. Desde mi perspectiva, no considero que estar en contra del accionar de Los de Abajo implique estar a favor de Azul-Azul S.A., así como tampoco considero que, necesariamente, estar a favor de la barra implica estar en contra de la concesionaria. Al mismo tiempo, tampoco creo que «hacer algo» siempre sea legítimo, tomando en cuenta que la barra ya hizo esto antes con resultados poco favorables. En este sentido, considero que una movilización que busque mejorar las condiciones de la bullanguera debe comenzar por principios colectivos, inclusivos, participativos y democráticos, que inviten a los/as hinchas a integrar espacios de movilización y no a excluirles de ellos.
En el fondo, si vamos a enfrentarnos a las medidas impositivas de Azul-Azul S.A. o a las medidas déspotas de la ANFP, que sea «con» la gente y no «para» la gente, o sea, por decisión colectiva. Ahora bien, claramente esto implica tiempo, ideas, debates, conflictos y consensos: así es, lamentablemente, la organización no se caracteriza por la inmediatez. No obstante, en una época donde aflora un individualismo que destruye a los individuos, instituir espacios colectivos puede ser una buena herramienta para afrontar los autoritarismos. Por lo demás, tal como advierte el consejo nocturno: «Mientras tanto, levantar una barricada no es mucho si no se sabe cómo vivir detrás de ella».
Publicada el 3 de febrero de 2026
Jugada escrita por Manuel Pérez Godoy
Corrector de estilo y parte del equipo coordinador de la Editorial Matecito Amargo. Magíster en Historia, docente de historia latinoamericana, escritor amateur, hincha racional de la ‘U’ y encuadernador en los Talleres Empate a Cero. Sus intereses apuntan a indagar en lo político del fútbol, promover el rol social de los clubes, reflexionar sobre el fútbol popular y colectivizar las ideas.