¿Es solo un partido de fútbol?
¿Es solo un partido de fútbol?
La cancha está dispareja. Lo sabemos. Y no me refiero al césped verde en este caso, sino al estadio de la vida misma.
Acabamos de vivir una semifinal de una Copa del Mundo disputada en un país en constante guerra. No podemos olvidar eso. Un campeonato de una multinacional como la FIFA, que deja el juego limpio como un buen y lejano recuerdo. No obstante, con todo esto de por medio, lo que se ha vivido también deja otros sabores.
Ayer jugó la selección de Argentina versus la de Inglaterra. Scaloni, en conferencia de prensa, mencionó que es “solo un partido” para bajar las intensidades y llamar a la mesura. Jugada que se entiende en su rol mediático —acá criticamos al periodismo con sus narrativas de vida o muerte que incentivan la violencia en nuestras canchas—; no obstante, el pueblo argentino sabe que no es así. Sabe que lo que se juega también es otra cosa.
A veces, el fútbol cumple ese rol de justicia. Una justicia que es temporal, que dura lo que determina el árbitro, pero que equilibra en parte la cancha dispareja.
Desde que se supo que Argentina pasó a la semifinal y que el rival era Inglaterra, la memoria se tomó las aulas, las conversaciones y la vida cotidiana. Jugadores de fútbol, esos mismos que son reacios a tomar posturas, reivindicaron la historia de los suyos; en la televisión pública se hablaba del tema, y en la calle era lo mismo. ¿Qué otro fenómeno podría generar que se hable tanto de las Malvinas y de su proceso como este simple partido de fútbol? ¿Qué otra instancia empujó en pocos días a hacer un ejercicio de memoria que trasciende a una generación, para empapar de ese dolor y de esa necesidad de justicia a las niñeces y a los jóvenes? Miro con nostalgia y frustración los indicadores de las aulas chilenas, según el informe Juventudes: asignatura pendiente de la Fundación Friedrich Ebert Stiftung, donde un alto porcentaje de estudiantes dice justificar una dictadura (41 % en Chile).
Más allá de que las críticas siempre llegan y son necesarias, porque siempre faltan posicionamientos de quienes tienen una tribuna como de la que gozan los futbolistas, los abrazos vividos por las y los hermanos argentinos fueron desde el sentir de justicia. De justicia en la cancha. De saber que, en las “mismas condiciones”, el resultado es distinto. Incluso conociendo que la formación de los jugadores proviene de realidades diametralmente distintas. Pero en esos noventa y tantos minutos, son once contra once. Y, ahí, el potrero reluce. Vibra. Se defiende.
¿Es solo un partido de fútbol? Sí y no. El fútbol no es solo fútbol. Y la vida está tan difícil en estos tiempos, que un abrazo y un grito de gol que genere emoción y algarabía lo defiendo como un derecho. Por eso comparto la alegría de las y los hermanos argentinos. Porque su historia es más parecida a la mía. Porque sus dolores también los vivimos acá. Y porque sus luchas en lo cotidiano me representan.
¡Felicidades, hermanos y compañeros!
Publicada el 16 de julio de 2026
Jugada escrita por Patricio Córdova Flores
Fundador, coordinador y editor en Editorial Matecito Amargo, de la iniciativa Lxs Diferentes FC y titular en «El otro fútbol podcast».
En la cancha es defensa. La pelota pasa tantas veces que prefiere formar como hincha.
Educador popular futbolero -Colectivo Fútbol y Resistencias- con estudios en temas de educación ambiental, género y psicología comunitaria.