Volver a convencer:
salgamos del corralito militante
Volver a convencer:
salgamos del corralito militante
Hay algo tremenda y profundamente agotador en escuchar, después de cada derrota política, a ciertos sectores de la izquierda chilena, explicando por qué “la gente no entendió” o cuestionando a quien ha decidido comulgar con cierto sector político con el cual siempre nos hemos enfrentado. Como si el problema estuviera enmarcado siempre en el “otros” y no en el “nos-otros”. Como si el pueblo que tanto critican fuese ese estudiante porfiado que se niega a aprender la materia -que nosotros creemos- correcta. Y quizás ya va siendo hora de abandonar esa comodidad derrotista, medio soberbia, donde siempre tenemos una explicación elocuente para justificar por qué los “otros” no logran hacer lo que queremos que hagan.
Mientras discutimos teorías, diagnósticos y publicaciones en las redes sociales sobre el “avance del fascismo”, la gente sigue levantándose temprano, tomando la micro, trabajando más horas de las que debería y tratando de sobrevivir en un país que hace rato normalizó el cansancio como forma de vida. Y ahí, justamente ahí, es donde deberíamos volver a pensar la política.
No obstante, esto no puede ser en clave nostálgica, ni mucho menos sobre proyectos fallidos, porque si algo agotó a buena parte de la población, fue esa sensación de que algunos sectores solo conocen un camino para llegar a lo que queremos, reclamarle cosas al Estado, al gobierno de turno o a una abstracción llamada “modelo”, pero muy pocas veces capaces de proponer formas concretas, cotidianas y comprensibles de cambiar las condiciones en las que vivimos.
Nos acostumbramos demasiado a creer que hacer política era inventar la rueda cada vez que algo no funcionaba. Buscar el concepto perfecto, la frase para la publicación en redes sociales, una identidad nueva o creer constantemente en un sujeto político histórico nuevo. Y quizás la respuesta es totalmente lo contrario: lo importante sigue estando en lo común y corriente. En la población, en la feria, en la cancha, en la escuela, en el sindicato chico, en el centro cultural, en el club deportivo que sobrevive a pura rifa y completada.
Durante demasiado tiempo pensamos que en lo cotidiano había poco de revolucionario. Terminamos encerrados en un corralito militante -concepto que le escuché alguna vez a un compañero- donde solo hablamos entre convencidos, usando códigos que solo entienden los convencidos, celebrando pequeñas victorias simbólicas que solo le interesan a los convencidos.
Pero la política nunca ha sido solamente eso. También ha sido necesariamente convencer, no necesariamente buscando cooptar ni colonizar cada espacio social existente para convertirlo en extensión de una orgánica en particular, sino que, para ser capaces de discutir, proponer, defender, sostener procesos, militar y abrir caminos nuevos creyendo que todo siempre será colectivo
Y cuando se habla de militar, no solamente se piensa en asistir a reuniones eternas ni pertenecer a una estructura partidaria específica donde a veces se discute más el acta que la realidad concreta. Militar también es dedicar tiempo a cosas que de alguna manera aportan a transformar la vida de otros, es organizar un taller en tu población, es sostener una biblioteca popular, participar en un equipo de barrio, acompañar estudiantes a terminar sus estudios, levantar un comedor popular o simplemente ayudar a que exista comunidad donde el individualismo quiere convertirnos en seres únicamente solitarios.
Y quizás eso es lo que necesitamos, recuperar la capacidad de volver a hacer política desde lo cotidiano y no desde una burbuja que muchas veces confunde estar presentes con estar vinculados.
Porque si no somos nosotros quienes defendemos lo “ganado”, nadie más lo va a hacer. Pero desde ahí, también hay que entender algo incómodo: nuestras “ganadas” no se sostienen únicamente desde el Estado. Se sostiene desde lo que construimos con otros, en lo común. Desde el “Nadie se salva solo” y no del “Sálvese quien pueda”. Hay que volver a disputar ese espacio común. Es probablemente LA necesidad política del momento, porque mientras algunos siguen buscando el hilo negro, hay quienes siguen desparramando las ideas que tanto daño nos hace.
Tal vez por ahí había que empezar de nuevo hace rato. Porque como dijo alguien por ahí, probablemente si no luchamos unidos, nos van a matar por separado. Y, seamos bien honestos, lo que no hagamos nosotros por nosotros mismos, no lo hará nadie más.
Publicada el 21 de mayo de 2026